Es un error desear volver a tus labios.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Amistad -Locuras en el Desván-


Una vela en el dintel de la puerta relumbraba en la penumbra del desván. El humo de un cigarro guardaba titubeante a la espera de ser absorbido, el silencio del resto de las habitaciones acentuaba los suspiros que pregonaban sin vacilación alguna las únicas voces en aquel momento. Hacía calor. La noche transcurría entre sudores, miradas tensas y pulsos desbocados, por lo que no eran aconsejables las palabras, ni tampoco las medias tintas. Sin dejar de retarme con la mirada, lentamente se aproximo a mi pecho, y tras un último instante de duda que pudo parecer recato, abordó con lujuria mi cuerpo. Trazas de saliva inundaban mi boca, por suaves besos extasiados. El rubor cubría nuestras mejillas, los alientos denotaban los impulsos de pasión. Tornaba por la habitación una canción adecuada para tal momento cuyo ritmo compaginaba la escena. Dos almas enlazadas en un mismo momento que permanecería por siempre en las mentes de sus autores, que perdidos en la búsqueda de la culminación de sus fantasías, habían dejado de lado sus prejuicios y se habían lanzado a la locura. Todo era irreal y a la misma vez cierto, el cúmulo de distintos instantes que florecían y se disipaban con rapidez pero sin desprecio alguno.

-Miénteme y dime que me quieres, susúrrame al oído que soy la esencia de la desdicha en tu vida por mi ausencia, que caminarías hacia el cielo si te lo pidiera y que tus ojos desbocados ahora mismo, seguirán estando encendidos para mi mirada por siempre. Que tu boca nómada por los besos, se volvería sedentaria ante la mía, que tus manos, tus piernas, tu nariz y tu pelo me pertenecen. Miénteme con tu susurro y déjame que sienta lo que nunca tendremos, que mi mente lo guarde para siempre para que lo evoque en mis futuros recuerdos.

Aquel instantáneo e increíble anhelo que surgió aun estando juntos proclamaba la llegada del fin de la lasciva relación surgida en esa noche, noche que se marchitaba y volvía a adormecer a los corazones. Sugerimos prolongar la existencia de aquel momento, pero nuestros ojos que con sutileza sabían comunicarse como expertos amantes, negaron la posibilidad de aquel hecho con sabiduría y sosiego. No era algo trivial ni que pudiéramos considerar irrelevante, aquella noche experimentamos algo sin precedentes en nuestras vidas que pasaba inadvertido por las emociones…

Así Bea volvía a resurgir en mi vida, y esta vez no solo venía atendiendo a sus caprichos, ahora si buscaba algo, buscaba a mi lado la vida que yo mantenía con Patricia.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Raíz de Mandrágora


-Me gusta la gente que duda, las personas que escuchan demasiado, los que llegan a agitarse con palabras, los que recuerdan alguna canción del pasado. Amo a quien el pánico le pervierte la razón para después poder llegar a sentir vergüenza o dolor sobre alguna instancia dedicada al olvido que no alcanza a comprender el corazón. Mis ojos solo se detienen en quien se atreve a abrazar los sueños que más codicia, sin tener demora alguna ni miedos sobre algún temor que le impida lanzarse hacia lo desconocido…

Eva hablaba tendida en la cama mientras la miraba incrédulo de que volviéramos a crear estas situaciones que nos hacían permanecer noches enteras juntos, haciendo que nuestros cuerpos gozaran del magnifico poder que dos personas pueden llegar a formar en los recónditos momentos en los cuales la pasión y el gozo van unidos por la serenidad del rencuentro de los amantes. No eran palabras necias desbocadas por unas copas de vodka las que zurcían sus labios, la intensidad de su voz denotaba seguridad y franqueza, estaba relajada y la experiencia le hacia confiar en mi. Sentí las ganas de abrazarla y susurrarle al oído todo lo que no podía decirle por miedo a su desconformidad con todo apego sólido que se pueda interpretar como una relación. No carecía de propias esperanzas al pensar que algún día solo sería mía, que quizás el tiempo le diera la resolución de las ideas de las que tanto hablaba y en la recepción de su amor contara conmigo. Pero tampoco la presionaba, no era mi intención que descubriese lo que sentía.

-Gustav ven aquí, ¿sabes cual es la formula para conquistar a una mujer?, seguro que sí… ¿has roto muchos corazones? ¿Te gustaría romper el mío?, no podrás, nunca nadie podrá, prefiero estas situaciones llenas de intensos momentos que me endulzan los días, a poder caer en la destrucción total que provocaría la monotonía en mí, no aspiro a las pretensiones convencionales que establece esta sociedad banal. Quiero ser libre Gustav, y poder disfrutar de la libertad que obtengo al reírme de lo insano de esta vida, el amor.

Aunque mi mirada se mostraba inalterable ante sus palabras, me carcomía por dentro todo lo que decía. Ella receptiva ante los sentimientos que desprende un amante se acerco hasta mí sentándose desnuda sobre mi cuerpo y susurrándome al oído dijo:

-Nunca te enamores de mí, o dejaremos de sentir estos hermosos momentos…

Y mirándome fijamente a los ojos, se deslizó con un suave movimiento hasta besarme, seducirme e incondicionalmente amarme.


lunes, 7 de diciembre de 2009

El lenguaje de los manatíes.

Secretos envueltos sobre seda, noches de destierros. Este estado constante de letargo, este benévolo y perdido momento. Esta expiación del alma por medio de consuelo, consuelo de pasión, de enredadas caricias y de insinuantes besos, besos de amor o quizás de olvido, de lastima y de odio. Odio al fin de un camino, y beneplácito por comenzar otro, cambios constantes, miradas perniciosas, y más odio. Desiguales con las mismas palabras, mismas miradas, y mismos momentos. Sendas paralelas que se unen en el infinito, en el infinito del principio que está aquí a nuestro lado, en el principio del fin que ya se encuentra en el olvido. Escépticos ante toda nueva palabra, ante todo nuevo silencio. Silencio que adoptamos como forma de vida para perder el miedo, para conseguir no destacar y en consecuencia salir perdiendo, silencio que simboliza la bandera blanca que muestra una rendición, que muestra la salida de una enmarañada situación, que muestra la identidad de un perenne recuerdo. No hay gloria alguna en perder cordura por mutismos abstemios del licor de esta vida, no hay palabras que puedan aportar todo lo que se llega a decir con un bonito silencio.

>> Tras la llegada de Eros, nos desvinculamos de las primeras miradas que nos unían, perdimos la rienda de los acontecimientos para lanzarnos en inseguridades y en la desdicha de lo sucedido que nos aclamaba mientras andábamos en sentidos opuestos:

- Sabes… Evoco a cada uno de mis encuentros previos cuando te veo, ansío la experiencia que me puedan aportar cada uno de ellos, para conseguir el apego que de tu parte no obtengo.

- …(silencio)…

- Háblame y dime que ha ocurrido, ¿que no hemos tenido en cuenta?

- …(mas silencio)…

- Creo que la culpa es mía, no consigo tus palabras, ni tampoco tus besos. ¿Y sí te besara otra vez?, quizás una mala mirada, o un mal gesto por tu parte, solo me queda esto, especular antes tus silencios…

- …(…)…

El silencio ensordecedor que se forma cuando solo se escucha sin más, ioniza el aire que rodea, se crea el descontrol de sensaciones y en consecuencia el desplome absoluto de la persona que habla sin miedos.




martes, 1 de diciembre de 2009

El amor como quimera



Aquello que encanta, también guía y protege. Apasionadamente obsesos por cualquier cosa que amamos (personas, momentos, ideas). Una avalancha de magia que guía el camino hacia el frente, nivela cuestas, razona, disiente, nos lleva consigo por sobre los abismos, los miedos, las dudas. Abriendo paso a ese amor... Ese amor que nos engaña, ilusiona, alienta, apasiona y enfurece, nos decapita del sentido común, la propiedad de la razón se desvanece. Nos enajena de la cruda realidad para lanzarnos al famoso mundo de los sueños, que siendo finito nos maldice posteriormente con rencor para conducirnos hacia el hogar del odio y del desamor.

lunes, 30 de noviembre de 2009

La piedra de los deseos

Paso deseos como hojas de un libro, anécdotas vividas o sin vivir que animan a seguir soñando, pero siempre observo con especial atención el que me impregna con encanto, el que añoro con estas palabras.

Siempre he oído que si alimento mi corazón, aunque pase el tiempo y seamos presas del olvido, terminaremos de jugar cualquier partida empezada, no tenemos porque quedar en tablas, quizás un Sí o un No solo se comporten como simples monosílabos con los que nos desalienta está adversidad que sin duda alguna nos convierte en rivales para poder añorar aun más todo el deseo del que con apego no nos queremos separar.
Cada vez me oprime más el morir constantemente en tus palabras, para luego quedarme con el consuelo de tu mirada, que susurra inevitablemente a mi oído todo lo que tu voz por inseguridad o por debilidad es incapaz de gritar con un mínimo valor de demencia para demostrar que por fin eres libre, que por fin dejas de estar absorta ante la presencia del nocivo deseo que te distrae. Me siento extraño al casi-desesperarme por no recibir ningún mensaje de tu voz, tantas palabras y en realidad nada sin explicar, vulnerable ahora que no puedo decirte ‘Si tu supieras’, porque lo sabes. Lo sabes, sabes que de los siete días que perdemos cada semana ocho los dedico pensando en ti, veintiséis horas en cada uno de ellos, en los diez meses y medio en los que envuelves un año de mi vida... Lo siento pero estimulas mi curiosidad ante la adversidad de tu frontera, esa línea que me cautiva para desearte aun más, por no poder tocarte al haberte conocido.




domingo, 29 de noviembre de 2009

Fantasmas

Nacen mis palabras con la ausencia de tu nombre,

pasó el verano,

ha llegando este lúgubre otoño,

rodeado de un sin fin de tangos amargos.

Hace frío y llueve, perfecto,

y tus ojos grises aparecen de nuevo.

Aún me queda grande llamar a tu corazón,

tampoco es tu deseo.

Augurio de momentos felices

retocan como campanas mi cabeza,

y es tan antaño el deseo…

que aún no se cual es el sabor de tus besos.

Imagino un sabor a Ron,

a humo si son los míos,

curiosa mezcla de sabores

y dulce momento perdido.

La sed de ti perjudica mi cuerpo,

mariposa que revoloteas por mi mente

desaparece…

Vislumbro un rayo de luz en tu mirada,

me persigues con ella,

deja de hacerlo.

No volverás a atravesar este espeso humo,

y aunque tu voz me fustigue, no voy a someterme,

deja de hacerlo.

Has marchitado mi tiempo,

me descorazonaste desde un principio,

tu fulgor se desvanece.

Continuaré con rumbo indefinido.



12 segundos de existencia


La atracción es fatal e inevitable, dos cuerpos, dos almas distintas cuyos caminos se envuelven de forma intermitente en el tiempo. ‘¿Qué quieres de mí?’
La desesperación me ahoga por momentos, y no es por esta incertidumbre indeleble que no ampara a mis sueños, por esto no duermo. Es por tu condición inalterable de todo o nada, por como sacas significado de cada momento, propias conclusiones equivocadas de mis pensamientos. Yo juego, tú amas, no tienes término medio, no convences al destino, te lanzas en la órbita que deseas y te muestras completa sin nada nuevo para aportar, sin nada nuevo para deslumbrar. ‘¿Qué quieres de mí?’
Pero nada importa, pues justificas tu comportamiento, crees que controlas el don de la madurez por tener ideas claras sobre tus sueños, por los que en consecuencia actúas sin tener que hacerlo, no esperas a que avancen, recorres en milésimas de segundo todo lo que se debe ir descubriendo a dúo, para luego exigir lo mismo que sin sentido has aportado. Sentido común, no adelantes acontecimientos.
Y ahora, ahora que crees que lo tienes todo controlado, ahora que te muestras segura ante el destino, te sientas a mi lado para demostrarte que puedes conmigo, que no habrá otra situación parecida a la del pasado, que seremos una anécdota sobre lo escrito. Y es donde cometes tu mayor error, porque no eres tu la que te sientas a mi lado, no eres la que controla lo sucedido, y nunca seremos un suceso olvidado.
‘¿Qué quieres de mí?’

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Dejemos hablar al viento



Siento el infinito placer que me produce dejarte imaginar lo que voy a decir. Tú que razonablemente sacas conjeturas sobre las palabras que me faltan, para dar significado a la conversación mantenida. Me gusta ver como el diferencial de tus ideas siempre señala al mismo sentido, la zona más negativa de tus pensamientos. Así desaparezco en escogidos momentos de la conversación para conseguir tu desesperación, tu anhelo y tu atención. Mientras enredamos las miradas para encontrar conexión alguna, y que los ojos opuestos nos susurren las palabras que queremos ver. Un gesto en la cara, una pequeña trava al hablar me orienta sobre lo que sientes en ese instante, y definido mi comportamiento en función de hasta entonces tu sobrellevada conducta, levanto mi ofensiva para empezar a desbancar tu posición jerárquica inicialmente adquirida ante la seguridad estudiada como método de precaución que practicas ineficazmente ante mi.

Y así haciéndote creer que dejo a un lado todo lo anterior, te infravaloro en algún pequeño detalle de tu persona para conseguir que tu misma sientas como todo ese ego adquirido gracias a mi precaución desaparezca, te sientas minimizada a grandes rasgos, para que notes como comienza el control de la situación por mi parte y por fin dejemos de andarnos con sandeces.

domingo, 18 de octubre de 2009

I Love The Rain The Most




Esta ave que perturba mis propósitos me retiene en la antesala donde me encuentro. Mi intención continuar, ascendiendo soy feliz, ¿y cuando traspase la puerta? Quien sabe… sin poder ahora llegar a usted, al menos me complace la idea de que seguirá lloviendo.

jueves, 8 de octubre de 2009

Vida perfecta y equilibrada


En previsión de semejante eventualidad, forzó una sonrisa radiante y nerviosa, que la hacía bastante vulnerable… La luz de la vela centelleaba y mostraba el rostro de su oponente más sombrío y misterioso que nunca, cabello oscuro que comenzaba a mancharse de gris, ojos grandes de un intenso marrón y unos pequeños pero significativos labios definían el contorno de su cara. Aunque vestía con ropa de descanso, las líneas esbeltas y robustas del cuerpo no se debían a la destreza de ningún sastre.
No sabía por qué le gustaba tanto ese hombre, tenían temperamentos y modales opuestos, con distintos ideales eran incompatibles en todas sus formas de ser. Pero ella sabía que los sentimientos de ansiedad y anhelo que la embargaban al pensar en el no caerían en resonancia con facilidad, aunque sí todo lo contrario, ¿podrían esos sentimientos evolucionar hasta el amor?, no quería saberlo. En aquel momento solo una cosa se distinguía y proliferaba en función del tiempo, ella lo mismo que él necesitaba amar, esa alegría que les aligeraba las espesas sombras que rodeaban sus ojos no había sido hasta entonces más que un sueño compartido. Esa noche y mientras volaban escalera arriba hacia el pasillo del dormitorio comenzaba todo a ser real.

lunes, 5 de octubre de 2009

Ojos tristes… piel canela, pies pequeños.

¿Sabes vida…? cuando mis labios reposan en tus besos, las mañanas albergan un sin fin de inmaculados momentos bajo los que se puede definir el amor. No es necesaria ninguna conversación de rigor, la simple presencia de ambos mantiene ocupados a mentes, a cuerpos… y aunque ya no logro entender el significado de tus miradas, me hace feliz encontrarte en las sombras y dejarme llevar por tus caprichosos deseos… Acaricias mi cuerpo con la luz que irradias, me observas, me juzgas y abandonas, retomas mi cuerpo, sacudes mi mirada y envuelves la tuya, sancionas mis besos, rechazas mis caricias, las reanudas, seleccionas los momentos, los disocias y los vuelves a montar, los adornas, malgastas y deseas. Canalizas tú mentes hacia la mía, sincronizándolas… y pertrechando mis pensamientos dibujas nuevos corazones que tatuados en mi mente me confunden y me acechan en sueños. Pero no me importa, nada importa si así consigo tus besos.



domingo, 4 de octubre de 2009

Más allá de los sueños



Te pido perdón por las cosas que no te di, no te haré sonreír. Sólo quería envejecer a tu lado para que pudiéramos reírnos viendo cómo se nos arrugaba el cuerpo, juntos hasta el final, en el lago de nuestro cuadro -ése era nuestro cielo, ¿sabes?-; se echan de menos muchas cosas: libros, siestas, besos, ¡discusiones, OH Dios! Las hemos tenido buenas...

Gracias por eso, gracias por cada detalle, gracias por ser alguien de quien siempre he estado orgulloso, por tu coraje, por tu dulzura, por lo guapa que has sido porque siempre he querido acariciarte... Dios, eras mi vida...

Te pido perdón por las veces que te he fallado, en especial por ésta...

Las buenas personas acaban en el infierno porque no saben perdonarse a sí mismas. Yo no puedo, pero te perdono a ti... porque eres tan maravillosa que un hombre preferiría el infierno al cielo solo por estar contigo.

Odio al amor

La gente no sabe amar. Muerden en vez de besar y abofetean en vez de acariciar. Puede que sea porque se dan cuenta de lo fácil que es que el amor salga mal. Derrepente se vuelve imposible, impracticable, un ejercicio de inutilidad. Así que lo evitan y buscan consuelo en la angustia, el miedo o la agresividad, que siempre están ahí y son accesibles... Aunque puede que sea porque no se dispone de suficiente información...
->La ira y el resentimiento pueden enturbiar tu cerebro. Eso lo sé ahora. No necesitan mucho para mostrarse, salvo la vida que consume y extingue. No obstante la ira, es algo muy real. Incluso cuando solo es indignación, puede cambiarte, transformarte, moldear y darte la forma de algo que no eres. Por eso el único lado positivo de la ira, es la persona en la que te conviertes. Con suerte, puedes despertar un día y darte cuenta de que no tienes miedo. Que sabes, que la verdad es como mucho una historia parcialmente relatada. Porque la ira, como todo en la vida, viene a rachas. Y cuando la dominas, su estela deja una nueva oportunidad de aceptarte como eres, acompañado de la sensación de tranquilidad.
Aunque claro, ¿qué sé yo de todo eso...?

jueves, 1 de octubre de 2009

Amistad ( 3ª parte de 3 días - desde las 14 del medio dia hasta el día siguiente) FIN


Los sentimientos son un rescoldo evolutivo, me dijiste un día, ebria y desnuda; una patología de la inteligencia, en el mejor de los casos un manual de conservación.El amor es el engrudo de la reproducción, la ira un detonador frente al peligro, el miedo un sucedáneo del dolor y del fracaso, y la esperanza…es la droga que los necios, como tú, mantienen.

Estas últimas palabras visitaron mi mente cuando desperté. Desperté a las dos horas de haberme desmallado, en una camilla que estaba en la cuarta planta de aquel hospital, en observación. Una educada enfermera mayor que estaba sentada en el centro de la amplia estancia levantó la mirada al ver mi ajetreo, me incorporé de la cama, asustado, pero ella me tranquilizó, advirtiéndome de lo que había sucedido, y explicándome de que debería permanecer allí tranquilo unas horas más, hasta que se confirmaran que lo análisis que me habían realizado mientras permanecía inconsciente eran negativos. Recordé lo sucedido y me entristecí, en aquel momento no debería estar en aquel lugar, debería estar llegando a París, con alguien que amaba… la enfermera llamo mi atención:

- Joven, han contactado con su familia, y hay alguien fuera, en la sala de esperas. Aquí en este lugar no pueden permanecer familiares, pero si quieres puedo avisarla para que entre y pueda ver que se encuentra bien, está de lo más preocupada.

- Vale. – conteste, pensativo, pues un familiar que fuera mujer y que hubiera llegado desde tantos kilómetros tan rápido era bastante improbable.

Al momento apareció por la puerta Patricia, qué alegría me dio verla, con los ojos desencajados por la preocupación entró apresuradamente y cuando vio la expresión de mi cara, triste pero tranquilo, se lanzo sobre mí y me abrazó. Un fuerte abrazo, y lloró, yo no entendía porque lloraba pero poco faltaba para comprenderlo, me dijo que no volviera a asustarla más de esa manera y menos aún en aquellos días de fiesta. La tranquilicé, y le dije que se fuera a casa con su familia, era donde debía estar, que no se preocupara por mí, pero por supuesto se negó. Y me dijo que me esperaría fuera hasta que saliera. Además, y antes de volver a acercarse la enfermera a despedirla, me explicó que desde la administración del hospital llamaron a mi familia, en concreto hablaron con mi madre; y la mujer, impotente por la distancia, la avisó a ella, ella era mi secretaria, con la cual ya había cogido confianza por las veces que habían hablado.

Al salir patricia de la sala de observación, la enfermera le entregó a ella todas mis pertenencias en una bolsa, ropa, calzado, cartera, móvil, etc.

Unas tres horas después me dieron el alta médica, Patricia, que ya se encontraba conmigo en planta, me decía que una tal Bea me había llamado a mi móvil, mientras yo me vestía de espaldas a ella. No me interesé por aquellas palabras, la ignoré y le dije que nos fuéramos de allí.

Caminamos hasta su coche y una vez dentro me propuso ir con ella y su familia a cenar en aquella noche de noche buena. La idea era que nos pasáramos por mi apartamento, me duchase y me vistiera bien, para que fuera su acompañante. Y así fue, mientras me entristecía el pensar qué podía estar haciendo Bea, Patricia estaba allí, esperándome en mi salón a casi las diez de la noche, la escuchaba hablar por teléfono, supuse que avisaba de mi presencia en la cena.

Cuando acabé, fuimos para casa de sus padres, ella me explicaba con lo que me encontraría, en cierta manera me advertía para que no me sorprendiera… me explicaba la simpatía de sus sobrinas gemelas, la medio sordera de su padre, lo distinguida que se pensaba su madre, y la amabilidad de sus dos hermanos y su hermana. Tras conducir más de media hora fuera de la ciudad, nos encontramos con una muralla que rodeaba una impresionante casa, la casa de sus padres. Al parecer su padre, un financiero ya jubilado, había especulado bien en bolsa ya hacía años, y había conseguido una cuantiosa fortuna. Su madre, que era todo menos agradable, se había dedicado a diseñar “a su manera” piezas de bisutería, para una reducida población de personas que podían permitírselo. Nunca imaginé que Patricia, mi secretaria, tuviera una familia con tanto poder económico.

Aparcamos su coche casi en la entrada, y al bajar vimos como una de sus sobrinas nos miró tras la ventana y salió corriendo para abrir la puerta, al ir subiendo los escalones para llegar hasta la puerta de entrada, Patricia, que iba detrás de mí, me agarró la mano, y cogida de ella me adelanto. Justo entonces su pequeña sobrina abrió la puerta y se nos echó encima, así pasamos hasta el recibidor donde aparecieron sus hermanos, sus demás sobrinos, las respectivas parejas de sus hermanos y sus padres. Mientras llegaban hasta nosotros, Patricia seguía cogida de mi mano. Me soltó al presentarme a su familia, muy agradables todos, excepto su madre, que me miraba como un halcón mira a su presa para cazarla. Sé que no le gustó ver a su hija más pequeña agarrada de la mano de su jefe, pero en fin, yo tampoco hice nada por soltarme de la mano de Patricia. Pasamos una noche estupenda, familiar e íntima. Yo había compenetrado con ellos de una manera realmente buena, sin contar con su madre. Cenamos una suculenta comida, que nos tuvo en la mesa casi hora y media, después de tomar los postres, que eran lo único hecho por ellos, pasamos a otra estancia donde había un minibar, sillones, una mesa de billar… todo un lugar para el ocio dentro de la gran casa. Una vez allí, y con un estupendo whisky en mano, Patricia comenzó a narrar dónde habíamos estado toda la tarde, la vi dudar un par de veces y un poco desconcertada, me dijo:

- Bueno y… ¿dónde estabas o que te pasó para que te ocurriera lo sucedido?, no te he preguntado siquiera qué hacías cuando te quedaste inconsciente…

Era evidente que el vino de la cena comenzaba a florecer en sus palabras; y yo, que también estaba un poco desorientado por la bebida en la cena, le dije:

Fui a proponerle a mi amante que nos escapáramos este fin de semana a París…Entonces se hizo un ensordecedor silencio, que irrumpió en un caudaloso y continuado momento de broma, nadie me creía, todos se pensaban que aquello era mentira, excepto la madre de Patricia, que cada vez hincaba más sus ojos en mí.

Poco a poco la noche se nos echaba cada vez más encima, poco a poco cada pareja se iba despidiendo de aquel lugar, para irse a dormir. Todos se quedaban en aquella casa, pues sería no menos de las cinco de la mañana y el alcohol condicionaba a pasar el resto de la noche en aquella mansión.Solos nos quedamos patricia y yo, todo el mundo se fue a la cama, excepto una de las gemelas que dormía en las piernas de su tía, mientras hablábamos. Patricia me pidió que le llevara su bolso, que se encontraba en el salón donde cenamos, hice lo que me dijo, y cuando se lo entregué sacó de él dos billetes de avión, mis billetes de avión.

Con un gesto coqueto llamo mi atención, me miro fijamente a los ojos, y rompió en dos aquellos billetes malditos… me reí, no podía hacer otra cosa. Y cuando dispuse a marcharme, me dijo que me esperara, que iba a subir a la niña a su cama. La esperé largo rato sin dejar de beber aquel delicioso whisky escocés, sentí su presencia cuando me agarró por detrás los hombros y empezó a masajearlos, le dije que me iba ya, pero como una estupenda anfitriona insistió que me quedara a dormir allí. Por supuesto, acepté sin preámbulos ninguno. Tras dar la vuelta al sillón donde yo me encontraba sentado observe que venía con un pijama puesto, un corto pantalón que dejaba ver sus estupendas piernas y una camiseta de tirantas que traslucían sus pequeños pechos.

Cogió de nuevo mi mano, y estiró para que me incorporase, así lo hice, me levante y la seguí. Mientras subíamos aquellas largas escaleras me fijaba en sus piernas, su culo, por detrás resultaba de lo mas seductor. Torpemente, en la oscuridad nuestros cuerpos se encontraban, yo aligeraba el paso, ella ralentizaba el suyo, y cada vez estaban más cerca. En ese momento noté como mi corazón se aceleraba, augurio del presentimiento de lo que acontecía.

Entramos en el cuarto destinado para mi descaso, una luz tenue lo iluminaba, una sensación de calor inundaba la habitación, una gran cama recién hecha presidía el lugar. Inseguro, me empujó hacia la cama, donde caí sentado, comenzó a desvestirme; primero los zapatos, después la camisa y a continuación el pantalón. Una vez desvestido me tumbó en la cama y con todo el cariño me arropó y me besó en la frente. Entonces deseé más que nunca que se metiera en aquella acogedora burbuja conmigo, que me acompañara en aquella noche, que me besara de verdad.

Bajó un poco la calefacción, y me indicó en qué habitación estaría ella. Mientras yo, atontado, la miraba con deseo pero sin decir palabra, hasta que se despidió de mí, y saliendo de mi cuarto noté cómo leía en mis ojos, que la añoraría. Y de repente desapareció.

Apagué la luz, y pensativo repasé aquel desastroso y a la vez estupendo día, pensaba en Patricia, en dormir junto a ella, en hacerle el amor durante toda la noche, besarla y tentarla, seducirla y gozarla. Fue un momento demasiado encendido para estar solo, y pensando, me contuve y cogí mi móvil del bolsillo del pantalón, y sin más le lance infantilmente una llamada perdida a aquella mujer que dormía unas habitaciones separada de mí, y apagué la luz. En segundos sentí como se abría la puerta y alguien accedía y entraba, yo me hacía el dormido y comenzaba a notar de nuevo el incremento de las pulsaciones en mi corazón, era Patricia, yo la hice venir, me llamó por mi nombre sigilosamente: –Héctooor…-, pero continué haciéndome el dormido, mi corazón me ponía nervioso, ella apoyó una de sus rodillas en mi cama y cuando se acercaba a mi, me volví. Nos miramos fijamente, durante corto rato, hasta que me incorpore y la besé, siguió mi beso, y comencé a notar su cuerpo, su suave piel inundaba la mía, sus generosas caricias me excitaban, noté como traspasaba la frágil barrera de mi cintura e invadía mi sexo, y por dualidad yo hacía lo mismo con el suyo, su pierna se estremecía contra la mía, me aprisionaba con su cuerpo cuando mas extasiada estaba y no paraba de besarme. Besé su boca, su barbilla y sus senos, uno por uno rocé con mi lengua sus pezones y con un delicado bocado en su ombligo me abría paso hasta su entrepierna… Volví a encontrarme con ella cara a cara, la bese y mientras me besaba me tiró del pelo, deseaba lo inevitable. Con su estremecida mirada me pedía a gritos ser mía… y así fue, tomamos nuestros cuerpos como desesperaros animales que se encuentran deseosos, inexpertos ante lo desconocido, aquella noche nos amamos… Pocas horas después dormimos.

El ajetreo en el pasillo me desveló, ruido de niños correteando, golpeando las paredes y gritando. Abrí los ojos y la vi a mi lado, dormía como un ángel, desnuda tan solo la cubría la fina sabana que rodeaba su cuerpo. Sin saber porque, la besé dormida, la abracé y comencé a acariciar su cuerpo. Aunque estaba dormida se agitaba cuando mis dedos rozaban aquel ardiente destino que me atraía, irremediablemente despertó, y al verme su primera decisión fue volverme a besar… así volvimos a tenernos deseosos y bueno… quizás casi enamorados.

Salió corriendo de mi habitación cuando pensaba que nadie andaba por los pasillos de la planta superior, y se fue. Me metí en la ducha que acompañaba a la habitación, y mientras sentía el agradable calor del agua se abrió la puerta del baño, era de nuevo ella que con conciencia de mis intenciones me traía ropa de su hermano para cambiarme. Asomó la cabeza y me dijo que dejaba la ropa en la cama, pero al verme mojado, desnudo, indefenso, entro hacia dentro. Cerro la puerta de espaldas, yo la observaba, y de una forma coqueta comenzó a desvestirse, poco a poco. Primero se quito el pantalón, después la blusa y a continuación vino y me beso. Era evidente que buscaba el remojo a mi lado, no llevaba ropa interior… Se introdujo entera en la bañera, nos agarramos y comenzamos a besarnos sintiendo como el agua caía por nuestros cuerpos que pegados se sentían mutuamente, necesariamente, con armonía, volvimos a hacer el amor en aquel lugar, sin decoro y con pretensión.

Esa mañana, del 25 de diciembre Patricia y yo sin casi acuerdo mutuo más que el pacto en silencio de la noche anterior, actuábamos como pareja, como amantes conocidos de toda la vida sin amor.

Pero todavía quedaba el encuentro con Bea, quien comenzó a ser algo innecesario en mi vida, pero que aun daría bastante que hablar.

Amistad ( 3ª parte de 3 días - desde las 8 de la mañana a las 12 del medio día - )


La respuesta era evidente, no sabía elegir, no reconocía sus deseos. Se dejaba llevar por la atracción inicial y luego, arrastrada pos la inercia, se precipitada en relaciones pasionales con desconocidos, se enamoraba como adolescente y sólo descubría su error al día siguiente cuando ya era demasiado tarde. Así funcionaba Bea, su detestable forma de actuar me decepcionaba, pero lo permitía, lo justificaba y lo olvidaba. Yo era uno de aquellos juguetes con los que entretenerse, un estimulo para sus desganas, simplemente era uno mas.

Eran las 8:30 de la mañana del viernes 24 de Diciembre, llamaba a Bea desde hacía unos diez minutos sin obtener respuesta, desconcertado decidí bajar para coger un taxi y presentarme en su apartamento, no había tiempo que perder, tenía dos billetes de avión para la ciudad de la luz y el amor dispuestos para pasar un fin de semana juntos en el hotel Londres Eiffel, un coqueto hotel magnífico por su cercanía a monumentos y museos que se encontraba en un barrio lleno de pequeñas tiendas y apetecibles restaurantes. La vuelta era para el lunes, pero lo más importante era que el vuelo salía a las 13:00 de este mismo día y aun no estaba ni la sorpresa dada.

Me encontré el portal abierto, subí las escaleras hasta el segundo piso y toque el timbre del apartamento de Bea unas 15 veces. Trascurrido unos cinco minutos, escuche pasos tras la puerta y pude observar como se oscurecía la mirilla de esta, un claro guiño de aquella mirrilla que me descubrió la presencia de una persona. Por supuesto yo pensé que era Bea, pero al terminar el crujido de las cerraduras, quien me dio los buenos días fue un guiri que llevaba solo los pantalones puestos, me saludo con una amplia sonrisa y sin mas cogiendo las escaleras para arriba se perdió. Mi reacción fue absurda, entre para dentro, recordé momentos pasados con Bea en aquel lugar. Pensaba llegar hasta ella, si eso era lo que mas quería, pero ¿era lo mas conveniente?. No fui hasta ella, me asome a su habitación donde dormía desnuda de espaldas, tenía una pierna tapada por la sabana y en la otra mitad desocupada de la cama el orden del caos que demostraba el claro sosiego de otra persona, otra persona que había estado en aquella cama, concretando, quien me abrió la puerta, y al ver la expresión de mi cara, pareció que supo quien era, que sentía. Retrocedí y sobre la mesa escribí una nota que dejé al lado del móvil de Bea, aquel móvil con innumerables llamadas perdidas, aquel móvil ya maldito para mi. La nota expresaba un sinfín de palabrejas que ahora me arrepiento de haberlas escrito, además de explicar los planes del viaje que tenía pensado con ella para aquel mismo día, y que ya era irrealizable.

-¿Como has podido?, tus palabra no valen nada, me aseguraste que no volvería a ocurrir, ¿Cómo has podido?, maldita ramera desenfrenada sin sentimientos, sin corazón.

Soy libre me llegaste a decir, soy una mujer que nunca gobernaras, nunca manejaras a tu antojo. Nunca podrás decir que soy tuya, que formamos una pareja, soy libre Héctor, entiéndelo. Pero el tiempo te hizo reaccionar y olvidé aquellas palabras, tu conducta se volvió ideal para el compromiso, fuimos una pareja, porque fuiste mía Bea, aunque nunca lo admitas fuiste mía, solo que para salvarte de ese amor deseado, de esa conducta impropia en ti, de aquellos sentimientos que sentías, te comportaste así, como una fulana sin reparos. Pero sabes bien que te arrepentirás, no conseguirás en ninguna persona aquello que obtenías de mi, mi lealtad y cariño, mi respeto y amor. Mi vida Bea, mi vida fue tuya hasta que aquel acto de alevosía condicionó mi existencia, y decidí olvidarte con odio y rencor, sin miedo pero todavía con amor.

Así desorientado salí hasta la calle, mis ojos me impedían ver, y mis pulmones respirar. ¿Qué me pasaba?, ¿qué ocurría?, recuerdo que sentía mareo, ahora deseaba estar con mi familia. De repente todo se volvió confuso, no percibía ningún sonido, hasta que llego la oscuridad y caí al suelo.

Amistad ( 2ª parte de 3 días )


La exposición sobre el nuevo método de intervención en el caso de que el ciclotrón presentase problemas, aun se alargaría un par de horas.

El ciclotrón es un acelerador de partículas, el cual lo utilizaban principalmente en el campo de la investigación médica, siendo una de las técnicas mas avanzadas de diagnostico médico en oncología y en exploraciones neurológicas.

Lo que se consigue es la creación de unos isótopos, que introducidos en el cuerpo humano, estos pigmentan en el caso oncológico tejidos que alberguen células cancerigenas, y esta advertencia de color se reconoce mediante el procesamiento del una imagen digitalizada del cuerpo humano.

Pero los problemas de la maquinaria había que subsanarlos. Respecto a Bea todo iba en torno al generador de campo magnético.

Para evitar campos eléctricos internos en la partícula tratada, lo cual puede producir chispas que invalidarían la creación requerida, se utiliza el campo magnético en una obligada trayectoria circular. El campo eléctrico depende de la diferencia de potencial y de la distancia desplazada de la partícula. La diferencia de potencial tienes que ser en el proceso bastante alta y en consecuencia la distancia desplazada debe de ser también alta. Esto se consigue haciendo una cíclica trayectoria circular de la partícula, sustentada por el generador de campo magnético durante toda la trayectoria.

En fin, Bea debía saber interpretar el software que intermediaba entre el gigantesco acelerador de partículas y las personas, toda una fundamental labor, que gracias a los conocimientos que le fue aportando, mas tarde, diseñaría nuevos sistemas como el que ella controlaba, con unas prestaciones mucho mas novedosas, que la harían ganar mucho prestigio y dinero.

Bea se encontraba en la reunión en última fila, callada, sin llamar la atención, sabía que quién intervenía en aquellos casos se sometía al juicio de todos los presentes. Solo unas palabras, una duda o una reflexión bastaban para condenarte. Aunque a Bea no le preocupaba lo que pensaran los demás, ella confiaba en su inteligencia. Lo que le daba en realidad pánico era el intervenir delante de tantas personas, ese miedo escénico, incapaz de articular palabras donde había desconocidos. Aquello era un problema, que aun no le había pasado factura.

La reunión terminó en torno a las 14:00 del jueves 23 de Diciembre, Bea se disponía a almorzar con Sara y Roberto antes de marcharse a casa. Ya no tendría que volver al centro tecnológico hasta el lunes.

Bea les hablaba de mí, de mi compañía hacía un par de noches, cuando llegó el camarero y les pregunto que tomarían. Tras ojear la carta, Roberto y Sara coincidieron pidiendo el menú (B), donde de primero había revuelto de espárragos, champiñones, jamón y gambas, y de segundo una buena chuleta de cordero acompañado con arroz blanco o lechuga.

Cuando el camarero se giró para Bea, enseguida comenzó a hablar, y con una velocidad artística para revolver palabras dijo:

'' Yo quiero la ensalada del chef, con el aceite y el vinagre aparte y una tarta de manzana a la María. Pero me gustaría que me calentaran la tarta y no quiero el helado encima, lo quiero a un lado y me gustaría de fresa si lo tienen en vez de vainilla y si no, no quiero helado, prefiero nata montada, pero solo si es natural, si es de lata no quiero nada.''

Tras el balbuceo de todas aquellas coordinadas copulativas, la camarera con la cara un poco traspuesta, asintió y se fue de la mesa.

Al final solo trajo los 2 menús, pues como bien dijo Bea - si la nata montada, era de lata, no quería nada-, y la nata montada que había en el establecimiento era en lata.

Al final salieron del bar y Bea solo se tomo 2 copas de vino, encabezonada en no comer, por no hacerlo sola y que la tuvieran que esperar sus acompañantes. Le reconfortaba la idea de que al regresar a casa se pasaría por McDonald’s y comería algo.

Llegó a casa, con la comida basura, la soltó encima de la encimera, junto con las llaves y el bolso. Encendió el ordenador encima de la mesa del salón, fue para el vestidor y se puso una ropa más cómoda. Se tendió en el sofás que rodeaba la mesa del salón y se sentó dispuesta a comer, pero vio que la comida estaba aun encima de la encimera, se levanto la cogió y cuando volvió observo la pantalla del ordenador, donde un programa de mensajes instantáneos se había conectado al encender el ordenador y había recibido varios mensajes de Marvin, su vecino australiano de unos pisos mas arriba. Marvin resultaba una persona interesante, era un rubio guapo, alto, fuerte, simpático e inteligente. Bea mantenía muy buena relación con el, ya que eran las dos personas mas jóvenes del bloque, no todo el mundo podía comprar un apartamento de aquellos.

Cuando Bea leyó los mensajes, se quedo un poco sorprendida, Marvin se escudaba en el aburrimiento para querer provocar una colisión entre ellos, proponía bajar hasta el piso de Bea con una botella de vino y una película antigua que había encontrado perdida en el videoclub que estaba abajo en la calle. Bea pensó entonces en mí, en el día siguiente conmigo, en lo sola que se encontraba en aquel momento del Jueves 23 de diciembre a las siete de la tarde mas o menos, en lo que podía ocurrir si bajaba Marvin, en las consecuencias de aquello… Miró el ordenador y vio como aun Marvin estaba conectado, impaciente de recibir la contestación de Bea, esta cogió el teclado y pensando las palabras que escribiría, tecleo: - baja dentro de una hora, acabo de llegar, y voy a ducharme-. La respuesta de Marvin fue simple pero directa, - OK-.

Comió en cinco minutos, se quito la ropa y se metió en la ducha, con la toalla reliada escogió un vestido de tirantas sin miedo al frío gracias a la calefacción, además este era perfecto para andar por casa y recibir aquella visitas, se recogió el pelo de una manera despreocupada, pero se hecho colorete y pinto un poco los ojos. Cuando sonó el timbre Bea recibió a Marvin descalza sobre la moqueta, le dio dos besos y este paso para dentro, cuando Bea llegó al sofás con las dos copas de vino, Marvin se encontraba ya sentado esperándola, y observando aquel bonito salón.

Aquella noche marcaría un antes y un después en nuestras vidas.

Amistad ( 1ª parte de 3 días )


Me cepillaba los dietes mientras ella bailaba feliz con la música que sonaba en la radio del despertador.

Bea, baja el volumen, que es temprano aun –le dije-.

Por una vez me hizo caso, apago la radio pasó por detrás mía y fue cuando advertí, por el reflejo del espejo que aun seguía desnuda.

Escuché como abría el grifo de la bañera, mire hacia el lado y la vi de espaldas entrando en la bañera, ella miró para mi fijamente a mis ojos, y con un guiño, el cual era una clara invitación para el remojo me volvió a conquistar de nuevo aquella mañana.

¿Tienes suelto para el metro? – me dijo mientras bajaba el ascensor-.

Tras darle las monedas que tenía, nos despedimos con un rápido beso y una cariñosa caricia, en frente del café Verano. Observé como se alejaba hasta que empezó a entrar hasta el interior de la boca de metro. Habíamos vuelto a quedar dentro de 2 días y casi 12 horas. EL viernes a las 8 de la tarde.

Llegue al G.I.T donde un antiguo plótter, estaba funcionando y deleitándonos con su inconfundible sonido.

Patricia me esperaba con las modificaciones hechas en la agenda para ese día.

Patricia una delgada joven (7 a 10 años menor que yo), tenía unos grandes ojos negros en aquella mirada insegura y desconfiada. Su cara angelical relucía en la sala junto con sus piernas, piernas cultidas por el deporte y años de gimnasio. Aunque aquella estupenda figura carecía de pechos, el resto de su cuerpo, su simpatía y aquellos inexpertos detalles que dejaba entrever de su vida, la hacían ser una persona deseada en las oficinas, sobre todo por Irina la ingeniera en telecomunicaciones, quien le había propuesto ya de mas de 10 maneras distintas como debería ser su noche ideal. Pero Patricia no parecía dejarse convencer por otra chica.

Al entregarme la agenda me guiñó el ojo como muestra de confianza, aquello me recordó a Bea unas horas antes. Entre en el despacho y enseguida sonó el teléfono, Patricia con su inconfundible voz entrecortada e insegura, daba paso por el auricular a Lucía, una vieja inconforme con todo lo que yo hacía que no paraba de llamarme, para que asistiera este próximo viernes a la cena de Noche Buena. Aunque mis planes para ese día no iban en ese sentido, confirme mi asistencia. Pues era temprano y no quería tener a mi anciana madre todo el día llamándome. Ya habría tiempo de cancelarlo en estos 2 días.