
En previsión de semejante eventualidad, forzó una sonrisa radiante y nerviosa, que la hacía bastante vulnerable… La luz de la vela centelleaba y mostraba el rostro de su oponente más sombrío y misterioso que nunca, cabello oscuro que comenzaba a mancharse de gris, ojos grandes de un intenso marrón y unos pequeños pero significativos labios definían el contorno de su cara. Aunque vestía con ropa de descanso, las líneas esbeltas y robustas del cuerpo no se debían a la destreza de ningún sastre.
No sabía por qué le gustaba tanto ese hombre, tenían temperamentos y modales opuestos, con distintos ideales eran incompatibles en todas sus formas de ser. Pero ella sabía que los sentimientos de ansiedad y anhelo que la embargaban al pensar en el no caerían en resonancia con facilidad, aunque sí todo lo contrario, ¿podrían esos sentimientos evolucionar hasta el amor?, no quería saberlo. En aquel momento solo una cosa se distinguía y proliferaba en función del tiempo, ella lo mismo que él necesitaba amar, esa alegría que les aligeraba las espesas sombras que rodeaban sus ojos no había sido hasta entonces más que un sueño compartido. Esa noche y mientras volaban escalera arriba hacia el pasillo del dormitorio comenzaba todo a ser real.