Es un error desear volver a tus labios.

viernes, 30 de abril de 2010

53 segundos

Una percusión en forma de lluvia les envuelve. Los edificios colindantes parecen encogerse aún más. Los pasos de los viandantes se vuelven más ruidosos, antes de volver a desvanecerse. Ella continúa allí, con la respiración palpitante, el abrigo empapado colgado de su cuerpo y el rostro ilusionado por una sensación vinculada al amor reluce en la estampa oscura de la noche.
Ella: -Me deseas –susurra-, lo he notado.
Carlos da un paso y sale del callejón; ella le sigue.
Él: No. Te equivocas.
Ella: ¿Por qué no te permites vivir? ¡Vivir! ¡Disfrutar! Lo único que deseo es verte feliz.
Él: En tal caso déjame en paz, eso me haría feliz.
María parpadea una sola vez.
Ella: Eres imbécil –pronuncia.
Carlos toma la mano de María forzándola a correr. María con la otra mano palpa su abrigo. En sesenta segundos están sentados en un taxi para encontrar cobijo en la cama seca y cálida de la habitación de María, donde la noche, la lluvia y el susurro del viento, dejarían que las horas pasaran como minutos y todas las palabras se convirtieran en hechos.