Es un error desear volver a tus labios.

martes, 1 de diciembre de 2009

El amor como quimera



Aquello que encanta, también guía y protege. Apasionadamente obsesos por cualquier cosa que amamos (personas, momentos, ideas). Una avalancha de magia que guía el camino hacia el frente, nivela cuestas, razona, disiente, nos lleva consigo por sobre los abismos, los miedos, las dudas. Abriendo paso a ese amor... Ese amor que nos engaña, ilusiona, alienta, apasiona y enfurece, nos decapita del sentido común, la propiedad de la razón se desvanece. Nos enajena de la cruda realidad para lanzarnos al famoso mundo de los sueños, que siendo finito nos maldice posteriormente con rencor para conducirnos hacia el hogar del odio y del desamor.

lunes, 30 de noviembre de 2009

La piedra de los deseos

Paso deseos como hojas de un libro, anécdotas vividas o sin vivir que animan a seguir soñando, pero siempre observo con especial atención el que me impregna con encanto, el que añoro con estas palabras.

Siempre he oído que si alimento mi corazón, aunque pase el tiempo y seamos presas del olvido, terminaremos de jugar cualquier partida empezada, no tenemos porque quedar en tablas, quizás un Sí o un No solo se comporten como simples monosílabos con los que nos desalienta está adversidad que sin duda alguna nos convierte en rivales para poder añorar aun más todo el deseo del que con apego no nos queremos separar.
Cada vez me oprime más el morir constantemente en tus palabras, para luego quedarme con el consuelo de tu mirada, que susurra inevitablemente a mi oído todo lo que tu voz por inseguridad o por debilidad es incapaz de gritar con un mínimo valor de demencia para demostrar que por fin eres libre, que por fin dejas de estar absorta ante la presencia del nocivo deseo que te distrae. Me siento extraño al casi-desesperarme por no recibir ningún mensaje de tu voz, tantas palabras y en realidad nada sin explicar, vulnerable ahora que no puedo decirte ‘Si tu supieras’, porque lo sabes. Lo sabes, sabes que de los siete días que perdemos cada semana ocho los dedico pensando en ti, veintiséis horas en cada uno de ellos, en los diez meses y medio en los que envuelves un año de mi vida... Lo siento pero estimulas mi curiosidad ante la adversidad de tu frontera, esa línea que me cautiva para desearte aun más, por no poder tocarte al haberte conocido.




domingo, 29 de noviembre de 2009

Fantasmas

Nacen mis palabras con la ausencia de tu nombre,

pasó el verano,

ha llegando este lúgubre otoño,

rodeado de un sin fin de tangos amargos.

Hace frío y llueve, perfecto,

y tus ojos grises aparecen de nuevo.

Aún me queda grande llamar a tu corazón,

tampoco es tu deseo.

Augurio de momentos felices

retocan como campanas mi cabeza,

y es tan antaño el deseo…

que aún no se cual es el sabor de tus besos.

Imagino un sabor a Ron,

a humo si son los míos,

curiosa mezcla de sabores

y dulce momento perdido.

La sed de ti perjudica mi cuerpo,

mariposa que revoloteas por mi mente

desaparece…

Vislumbro un rayo de luz en tu mirada,

me persigues con ella,

deja de hacerlo.

No volverás a atravesar este espeso humo,

y aunque tu voz me fustigue, no voy a someterme,

deja de hacerlo.

Has marchitado mi tiempo,

me descorazonaste desde un principio,

tu fulgor se desvanece.

Continuaré con rumbo indefinido.



12 segundos de existencia


La atracción es fatal e inevitable, dos cuerpos, dos almas distintas cuyos caminos se envuelven de forma intermitente en el tiempo. ‘¿Qué quieres de mí?’
La desesperación me ahoga por momentos, y no es por esta incertidumbre indeleble que no ampara a mis sueños, por esto no duermo. Es por tu condición inalterable de todo o nada, por como sacas significado de cada momento, propias conclusiones equivocadas de mis pensamientos. Yo juego, tú amas, no tienes término medio, no convences al destino, te lanzas en la órbita que deseas y te muestras completa sin nada nuevo para aportar, sin nada nuevo para deslumbrar. ‘¿Qué quieres de mí?’
Pero nada importa, pues justificas tu comportamiento, crees que controlas el don de la madurez por tener ideas claras sobre tus sueños, por los que en consecuencia actúas sin tener que hacerlo, no esperas a que avancen, recorres en milésimas de segundo todo lo que se debe ir descubriendo a dúo, para luego exigir lo mismo que sin sentido has aportado. Sentido común, no adelantes acontecimientos.
Y ahora, ahora que crees que lo tienes todo controlado, ahora que te muestras segura ante el destino, te sientas a mi lado para demostrarte que puedes conmigo, que no habrá otra situación parecida a la del pasado, que seremos una anécdota sobre lo escrito. Y es donde cometes tu mayor error, porque no eres tu la que te sientas a mi lado, no eres la que controla lo sucedido, y nunca seremos un suceso olvidado.
‘¿Qué quieres de mí?’