Es un error desear volver a tus labios.

miércoles, 30 de junio de 2010



El ruido de tus tacones me avisó, salías a hurtadillas en el post-encuentro que aún envolvía nuestra piel.

Nunca he podido llamarlo amor, pues tu amor ya estaba empeñado en algo superior a lo que teníamos. Pero nuestros días juntos resurgían cada vez más habitualmente de lo que nosotros mismos habíamos podido pronosticar. En estas tres últimas semanas comenzamos a ponernos en desacuerdo con nuestra propia discreción pues abarcábamos cualquier arrebato sin la más mínima prudencia. Tal y como se nos presentaba todo, nadie podía negar que tanto en práctica como en consideración éramos una feliz pareja.

Cuando nos conocimos, no hace más de un par de años, empeñamos más esfuerzos de los que debíamos a pasar la mayor parte de tiempo que pudiéramos juntos. Juntos, quedábamos para salir, almorzar, incluso para disfrutar de días de playa en compañía de algunos amigos. Nuestras horas, se concentraban sobretodo en el innumerable número de emails que compartíamos y en los cuales fue surgiendo todo afán de deseo que incluso aún perdura. Hasta hace poco ‘amor’ abarcabas todas las horas que componían mi vida, dominabas el tiempo y con ello conseguías que sobre mí no pasasen los días. Intransigente y armoniosa, tú y solo tú, podías hacerme despertar en media noche o no hacerme dormir en varios días. Pero se acabó, y es justo decir que tú decidiste que se acabara, cuando en plena noche y aún con el dulce sabor que me dejó tu boca, te levantaste de mi lado para decirme adiós para toda la vida.